Sabrina Gullino Valenzuela Negro

Sabrina nació a principios de marzo de 1978 en el Hospital Militar de Paraná, durante el cautiverio de su madre, Raquel Negro. Su papá, Tulio Valenzuela también estaba detenido. Ambos continúan desaparecidos. Días después de nacer, Sabrina fue abandonada en el Hogar del Huérfano de Rosario y dada en adopción. El 23 de diciembre de 2008 recuperó su verdadera identidad, se convirtió en la nieta recuperada Nº 96 y se reencontró con sus hermanos mayores .

Foto presentación: Calibroscopio.

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Foto 5: Calibroscopio.

Notas en la prensa

La nieta 96 de las Abuelas – Página 12 – 23 de diciembre de 2008.

La historia del reencuentro – Página 12 – 24 de diciembre de 2008.

“Nunca imaginé que ella iba a llamarme para avisarme que era mi hermana” – Página 12 – 4 de enero de 2009.

Entrevista con Sabrina Gullino (hija de Raquel Negro y Tulio Valenzuela) – El diario de los juicios – 25 de octubre de 2009.

La tesis de Raquel Negro llega a manos de sus hijos – Diario Uno de Entre Ríos – 30 de septiembre de 2011.

Presentación del libro Reencuentro, crónica de la restitución de una identidad – Hijos Rosario – 19 de diciembre de 2012.

La historia de Sabrina Negro: la nieta recuperada que soñó con su familia – Tiempo Argentino – 14 de enero de 2013.

Sabrina Gullino: “Quizás estén arrepentidos de no haberme tirado al río" - Natán Ezequiel Sanchez – 14 de enero de 2013.

 Reencuentro - HoffmanReencuentro. Crónica de la restitución de una identidad

Este es el nombre del libro escrito por el periodista Alfredo Hoffman. Narra la historia de Sabrina Gullino Valenzuela Negro restituida en 2008 y una búsqueda familiar y social por la identidad, la verdad y la justicia.

La nieta 96 abre su corazón en estas páginas y relata sus sueños, miedos y la ansiedad por encontrar a su hermano mellizo apropiado durante la dictadura. 

 Entrevista realizada por Carlos Colombo para el programa Agenda Pública. Sabrina habla de la presentación del libro. 

A continuación algunos fragmentos del libro que grafican momentos de la vida de Sabrina antes y después de recuperar su identidad:

(Rosario, 24 de noviembre de 2008). Se quedó esperando con el tuvo en la mano. Del otro lado, en el Juzgado Federal de Paraná, los empleados se pasaban el teléfono en una cadena que parecía interminable. Hasta que por fin atendió la secretaria. Empezó a trazar explicaciones sobre trámites judiciales y a darle rodeos al asunto, al punto que Sabrina perdió la paciencia.

-Mirá, mañana mis viejos tienen que ir a Paraná, pero ¿por qué? Quiero saber por qué, que me adelanten algo. ¿En calidad de qué van?

-Tus padres están citados en calidad de testigos.

-¿Pero eso qué significa?

-Significa que acá hay una línea de investigación, que nosotros tenemos que corroborar algunos datos… Y vos también estás citada.

Esto último no se lo esperaba, al menos en ese momento. […]

-Mirá, si es por el ADN, yo ya pensaba hacérmelo. Así que, si quieren, ya tengan un bioquímico ahí y me sacan sangre mañana mismo y listo.

Apenas cortó, mientras se cebaba el primer mate del día y Kina trepaba por la escalera hasta su mundo de techos, hizo un esfuerzo por bucear en su memoria hasta los recuerdos más lejanos […] El mate ya estaba frío. Dejó el álbum sobre la mesa. Lo secó con el puño. Sus lágrimas lo habían mojado. Marcó el número de la casa de sus padres.

-Mirá papá: vos me mentiste y a mí se me cae el mundo, porque yo todo lo que sé, lo sé a raíz de lo que ustedes me dijeron. Ustedes me mienten y es un garrón. Y si vos me mentiste y me tengo que enterar por la jueza, yo no les hablo nunca más. Todo lo que tengan que decir me lo dicen ahora, porque no les hablo más.

La respuesta le hizo pensar que había algo que no le decían:

-Quedate tranquila, que tu adopción es legal.

Ese lunes lloró mucho. Todo el día llorando. (Fragmento del Capítulo 25: Fotos)

 

(Rosario-Paraná, 25 de noviembre de 2008). Era una mañana de actividad habitual en el Juzgado Federal, de hombres de traje y mujeres de tacos. Se sorprendieron cuando vieron que los estaban aguardando con ansiedad, que les convidaban caramelos, que la jueza Galizzi y las empleadas –Sabrina recordaría a Patricia y Alejandra- los abrazaban emocionadas. Todavía ni siquiera había empezado el procedimiento científico que se había ordenado bajo secreto de sumario, pero para esa mujeres había llegado “la bebé” que investigaban desde hacía cinco años, porque la veían igual a la Raquel Negro que tenían en fotos en el expediente. […] La primera en pasar a testimoniar fue Susana. Su relato dejó a todos con los ojos húmedos. Después entró Raúl, con el expediente de adopción bajo el brazo para entregar como prueba, para demostrar que todo había sido legal.

-Señor Gullino, yo ya tengo mucho más que ese expediente en la causa. Ya sé que la adopción fue legal. De lo contrario esto se haría en otros términos.

Y finalmente ingresó Sabrina: le contaron sobre la investigación, le dijeron que si la hipótesis era correcta tendría un hermano esperando, que vivía en santa Fe. Y que también tendría un hermano mellizo, que nació con un delicado problema respiratorio, pero no descartaban que estuviera vivo. Sabrina pidió ver fotos de quien sería su mamá biológica. […] Cuando Sabrina salió del despacho, en el hall del primer piso, Raúl, Susana y Carla hojeaban las fotos. Fue Susana quien levantó la vista y le susurró:

-Sos igual a tu mamá.

Eso a Sabrina le partió el corazón. Definitivamente, ya no había risas, ni chistes.

-¿Te parece,mamá?

-Sí, sí. Sos muy parecida. (Fragmento del Capítulo 31: La sangre).  

 

(Rosario, del 22 al 23 de diciembre de 2008)

-¿Me querés conocer?

-Y, más vale.

-Mirá, tengo que ir a Rosario por trabajo. Si querés, nos encontramos.

-Bueno, sí, más vale.

-¿Y querés que nos encontremos en un bar?

-No, no. Vení a mi casa, vení a mi casa.

-Bueno, dame la dirección.

-Pero venite solo, no vengas con un montón de gente.

Sí, voy solo. Dame la dirección.

[…]

En menos de tres horas, el hijo mayor de Raquel Negro tocaba el timbre correcto. Todavía tenía olor a recién bañado. Llevaba en la mochila un cargamento de fotos, de los abuelos, de los tíos, de todos. Se los presentó a Sabrina. Lamentó que la abuela Emelina no estuviera viva para conocer a su nieta a la que había esperado durante tantos años. Después se fueron a caminar, con rumbo al río. (Fragmento del Capítulo 37: Hermanos)

 

 
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Conocé la búsqueda que Sabrina y su familia llevan adelante para encontrar a su hermano mellizo. Ambos nacieron en la Maternidad del Hospital Militar de Paraná.

logo abuelasSi dudás de tu identidad, consultá la web de Abuelas de Plaza de Mayo.

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